Resistir es sufrir

Resistir es sufrir

A menudo no nos gusta lo que nos pasa y vivimos en un estado de insatisfacción casi constante. Nuestra “programación civilizada” genera la creencia colectiva de que nunca somos suficientemente adecuados o que estamos incompletos. “No me gusta esta manera de vivir”, “No estoy listo”, “Es demasiado para mí”, “Esto no debería pasar ahora” son pensamientos que nos surgen cuando no podemos reconocer la simple verdad de que en el universo todo fluye, y que nuestra fuerza vital necesita fluir con la vida de la misma manera en que un río necesita fluir hacia el océano.

Al negar cualquier cosa que pudiera estar ocurriendo, luchamos contra el universo y toda la creación. Y es importante comprender que esa pelea está perdida desde el principio.

Cuando pensamos en términos de “debería ser” o “no debería ser”, estamos ignorando el hecho de que todo sucede por alguna razón y, aunque no conozcamos esa razón, está apoyada por la fuerza creadora de todo lo existente.

Cuando nuestra mente racional produce pensamientos de resistencia y negación acerca de las circunstancias de nuestra vida, la fuerza vital que fluye naturalmente en nosotros se estanca y se acumula. Este proceso de acumulación da origen a un exceso de energía que se llama carga emocional negativa y genera sufrimiento, físico o emocional.

Si cambiamos nuestras reacciones, si aceptamos el hecho de que “esto me está pasando ahora y, por lo tanto, existe”, permitimos que la fuerza vital estancada fluya de nuevo y, finalmente, se transforme. Podemos seguir peleando con nuestra vida tanto como queramos, podemos negarla y resistirla hasta la muerte misma, pero también podemos intentar aliarnos a nuestra vida para hacer juntos el trabajo que haya que hacer.

Podemos ignorar el dolor tanto como queramos, pero, si le damos espacio y lo escuchamos, se abrirá ante nosotros la puerta de un decisivo proceso de transformación. Una vez que nos comprometemos con nuestra vida y la abrazamos en su totalidad, el milagro del alivio nos visita.

Tres opciones para evitar el sufrimiento innecesario

Tres opciones para evitar el sufrimiento innecesario

Aliarse a los movimientos del universo tal como se manifiesta en lo que llamamos nuestra vida implica permitir que ocurran poderosos cambios, cambios que ya están ahí, esperando que se les permita ocurrir, de acuerdo con otro plan que puede no ser comprendido por nuestra mente condicionada. El tratamiento de este tema es necesario, porque nos permite detectar y desactivar esas áreas de nuestras vidas en las que se impone el sufrimiento. En su libro The Power of Now, “El poder del ahora”, Eckhart Tolle recomienda qué hacer cuando en nuestra vida sucede algo que nos molesta o incomoda. Sostiene que, cuando estamos en paz con nosotros mismos, fluyendo con la vida, siempre tenemos tres opciones que podemos ejercer que no implican sufrimiento. Sin embargo, lo más habitual es que elijamos una cuarta y es, precisamente, sufrir.

Esas tres opciones son:

  1. Cambiar lo que no me gusta o pedir por lo que quiero, estando dispuesto a recibir un “no” y a negociar si es necesario. Significa, pues, usar todos los medios posibles para cambiar la situación. Si tengo frío, me abrigo. Si tengo hambre, como. Si no tengo comida, la busco o la pido. Si estoy enfermo, busco la manera de mejorarme, etcétera. Si se trata de algo que me molesta en una relación con alguien, utilizo comunicación consciente, es decir que hablo de manera honesta, expresando cómo me siento y cuáles son mis necesidades. Hago todos los requerimientos necesarios, sabiendo que me pueden decir no a todo lo que pido, pero también que me pueden decir sí. Implemento todos los cambios necesarios, en el convencimiento de que, si son posibles, significa que el universo los está apoyando. En otras palabras, el universo está creando los cambios a través de mí. Ahora bien, si hago todo lo posible y aun así me es imposible cambiar la situación, entonces tengo dos opciones más, siempre estando en paz conmigo mismo…
  2. Aceptar total y profundamente lo que está sucediendo y estar en paz con ello, sin culpar a nadie ni quejarme de nada. Esto no es resignarse ni tolerar, ni capitular, lo que implicaría generar contracciones emocionales de tristeza, resentimiento, culpa o miedo. Cuando aceptamos la vida y nos aliamos a ella, encontramos la manera de disfrutarla tal como es. Aceptar, ceder y entregarse después de haber tratado de hacer todos los cambios posibles –o incluso mientras aún los estamos intentando– nos provee de muchísima energía y nos hace más creativos. En virtud de la ley de atracción, atraemos a nuestra vida energías similares a la nuestra. Esta actitud puede brindar muchísima paz interna y fuerza en casos de enfermedades crónicas o terminales, discapacidades físicas sin remedio, la muerte de un ser cercano, tragedias o accidentes. Además, aumenta las posibilidades de nuestro cuerpo de curarse a sí mismo, puesto que no estará gastando fuerza vital en dolor imaginario. Incontables son los ejemplos de personas que han mejorado de manera sorprendente su calidad de vida, simplemente al encontrar paz interior y al haberse aliado a la vida, en lugar de resistirla. Pero, aun si no puedo cambiar lo que no me gusta y me es imposible aceptarlo…
  3. Alejarme de la situación es la tercera opción que puedo tomar experimentando paz interna. Por ejemplo, si he llegado a la comprensión de que una de las necesidades más importantes de mi vida es la de estar en paz y disfrutarla, y me encuentro en una situación laboral por la que estoy encerrado todo el tiempo en una oficina donde el ambiente es de tensión constante, con peleas y ruidos estridentes: a) Uso mi primera opción, que es intentar cambiar la situación. Intento hablarlo con mis superiores, pido un cambio de sección, etcétera. Pero, si aun así, nada cambia… b) Intento aceptar la situación como es. Sin embargo, me es imposible hacerlo. Termino mi día cansado, malhumorado, mi mente juzga y se queja sin parar. En otras palabras, estoy sufriendo. c) Entonces pongo en marcha la tercera opción: me alejo de la situación. Busco otra manera de ganarme la vida, que esté más alineada con mis principios, con mis prioridades y con mis valores de vida.

Lo importante es tener claro que no vamos a negociar nuestro estado de paz interior a ningún precio. Sin embargo, hacerlo no es tan fácil como decirlo. El obstáculo principal que he encontrado en mí mismo y en otras personas es el hecho de que culturalmente estamos programados para ser víctimas, para quejarnos y sufrir, y ésta es la cuarta opción, la que casi siempre elegimos. Lo vemos todo el tiempo y lo hemos visto mientras crecíamos. Vimos a nuestras familias, a nuestros maestros y a muchos otros sufrir y no disfrutar de sus vidas, y nos convencimos de que eso es natural y normal. “La vida es sufrimiento”, dicen, y todos estamos de acuerdo, lo creemos y lo transformamos en una verdad. Sólo puede ser natural y normal en tanto y en cuanto seamos inconscientes de quiénes somos y de qué somos en verdad. Cuando creemos que somos lo que no somos, vivimos la vida desde la mentira. Y, cuando nos mentimos, la consecuencia natural es el sufrimiento. Cuando ignoramos que podemos elegir y ejecutamos siempre la misma opción, la de ser víctimas, es casi imposible vivir en paz con nosotros mismos. En otras palabras, sin saberlo estamos eligiendo quejarnos y estar ansiosos o preocupados. Estamos optando por juntar resentimiento, por acusar y culpar a los demás, optando por mentir y esconder, y usando muchas otras estrategias para no tomar responsabilidad por nuestras vidas.


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