Psicogenealogía: El Estudio Transgeneracional.

La Psicogenealogía es una parte de la psicología que, a través del estudio transgeneracional, puede determinar y sanar los conflictos inconscientes que hemos heredado de nuestros ancestros. Para esto se parte de la construcción de un árbol genealógico (con los datos que tenga el consultante) y se investiga, con técnicas específicas, a partir de un conflicto específico que esté afectando su calidad de vida actual.

¿Qué es la Psicogenealogía?

La Psicogenealogía es la disciplina que estudia cómo nuestros destinos pueden estar influenciados por las generaciones anteriores de nuestra familia.
Esta es una idea muy antigua.

Tanto en la medicina china como en la africana -por no hablar de los antiguos pueblos indígenas de América- hay sobrados testimonios de rituales sanadores que involucran a los ancestros para “curar” a un descendiente aquejado de ciertos males.

Los etnólogos occidentales se sorprenden al verificar actualmente como esto es muy natural aún hoy en día en la mentalidad de muchos pueblos de África: se contempla la enfermedad del “individuo” dentro de un contexto familiar y genealógico.
O, cuando ocurre algo malo a un miembro de la tribu, el chamán convoca a todos sus integrantes y anuncia con preocupación que algo indeseado está ocurriendo en la comunidad que afecta a esa persona. 

Es una práctica plena de la mirada sistémica: Hay que “curar” a la tribu, antes que al individuo.

El “enfermo” es solo un síntoma de algo más profundo que está perturbando a la tribu. Si lo tradujéramos a lenguaje de hoy, el crimen que comete un individuo es un síntoma de los conflictos profundos que aquejan a esa sociedad.

Por lo tanto, todo lo que pasa en nuestra sociedad tiene que ver conmigo, pues yo no soy ajeno a esa sociedad. ¡Somos parte de un todo! Y, por supuesto, somos parte de nuestra familia, de nuestros ancestros… es de ahí de dónde venimos.

Estos conocimientos y prácticas siempre fueron, para la mirada occidental, sospechosos de animismo, fetichería, o magia…

La ciencia reservaba su estudio sólo a los antropólogos o curiosos de las civilizaciones “primitivas”. La medicina occidental busca la causa de una hepatitis en un virus o, a lo sumo, en una mala alimentación.

Pero de pronto irrumpe la Psicogenealogía, y ya su expansión es imparable. Se cambió la óptica, se amplió la mirada, se reconoció al contexto. Aún sin perder de foco al individuo, comienza a comprender otras “realidades”.

Hay una memoria inconsciente que de algún modo está cifrada en nuestro comportamiento genético.

Todo problema, toda cuestión, toda situación cambia "mágicamentecuando somos conscientes de estas dinámicas y aprendemos a “mirar” incorporando estos modos.

¿Cómo nace la Psicogenealogía?

En la Psicología (que con Carl Gustav Jung avanzó sobre el enfoque freudiano limitado al individuo y su inconsciente; dando paso, de algún modo a la “Psicogenealogía”) se fue incorporando el concepto de lo  “transgeneracional”.

En todos los casos hubo una conciencia cada vez más clara de lo que supone la Familia como SISTEMA. Y con esta “comprensión” vinieron muchas otras, importantísimas.

No podemos hablar de esta disciplina sin nombrar a Anne Ancelin Schutzenberger, una excelente analista francesa; nonagenaria, de mítico carácter y rigurosidad. Schutzenberger fue parte de una generación de terapeutas (varios de ellos desprendidos del psicoanálisis) que fueron avanzando en sus estudios clínicos compartiendo estas nuevas investigaciones. Entre ellos están los famosos Francoise Doltó, Carl Rogers y Moreno, entre otros. Fue una época de polémicas discusiones entre “escuelas”, que hoy en día están bastante más atemperadas. Los conocimientos se han ido integrando, dando paso a diferentes técnicas de trabajo.

Schutzenberger tomó varios conceptos e ideas de toda esa época de gran efervescencia y desarrolló la herramienta del “Genosociograma” entre otras técnicas terapéuticas.

Este viaje a través del inconsciente familiar (el mismo que empezó a intuirse con Jung) que interactúa con el inconsciente personal, es una tarea sutil y delicada... Pero no por ello reservado a un espacio puramente clínico.

El inconsciente es nuestro, y nuestra familia también. ¡Nos pertenecen! Como nuestro cuerpo y nuestro apellido. 

El estudio Transgeneracional.

La herencia transgeneracional es un “movimiento” que nos impulsa, que nos mueve desde nuestro inconsciente. Este inconsciente se conecta con algo mayor: la conciencia familiar que vela por la “integridad” de todo el sistema.

La conciencia familiar siempre cuida de que no haya “excluidos”; y si el clan excluye a alguno –por los motivos que sea-, esta Conciencia Familiar (que no es moral) hará evidente aquella exclusión en la vida o destino de otro miembro (un descendiente), que vive esta suerte de manera inconsciente.

Al descubrir esto, a través del estudio del árbol genealógico, al hacerse “consciente” esa dinámica, el individuo puede retomar las riendas de su propia vida, con mayor libertad personal.

La conciencia familiar, de algún modo se mueve “desde nuestro” inconsciente, y la reconocemos porque va siempre en la misma dirección: busca unir lo que estaba separado.

La conciencia personal en cambio nos ata. Porque necesitamos categorizar como “bueno” o “malo” lo que hacemos o dejamos de hacer, fundamentalmente por un sentimiento o una creencia de que sólo seremos aceptados si nos comportamos de acuerdo con esas reglas, costumbres, mandatos, etc.

Tengamos presente que es indispensable nuestra conciencia individual pues ella nos permite vivir en el Yo. 

Es un principio básico para la formación de nuestra identidad (por eso “toma” de su entorno, y busca “pertenecer”). Para ser uno mismo hay que saber quiénes somos, pero también saber de dónde venimos.

¿Qué se necesita para biodecodificar el árbol genealógico? 

El árbol genealógico se estructura según una nomenclatura específica, que es aceptada internacionalmente.
  
En esta estructura,el genosociograma, se detallan los datos concretos que pueda aportar el consultante: fechas de nacimiento y muerte (si la hubiera), divorcios, abortos, migraciones, enfermedades graves o muy prolongada, situaciones traumáticas de toda índole tanto en lo personal y familiar como lo laboral, y objetivos o sueños no logrados (que podrían ser transmitidos por “herencia”), etc.

Todo individuo esta “tironeado” por dos fuerzas, ambas iguales en importancia: una fuerza “imitadora” que viene desde el pasado, canalizada desde nuestro grupo familiar; y una fuerza “creadora” que podríamos decir que viene desde el futuro (o nos “empuja” hacia el futuro) que es manejada por lo que algunos llaman la Conciencia Universal.

Todos podemos tener sobre nuestros ancestros una mirada positiva o negativa. 

La Psicogenealogía herramienta de sanación de síntomas y enfermedades trabaja a través árbol genealógico y se potencia con el aporte de otra disciplina: la Epigenética, en cuanto esta le permite indagar en aquellas repeticiones sintomáticas que influyen en el inconsciente genofamiliar como una especie de “llamador genético” que convoca a la descendencia a resolver lo irresuelto.

Y el árbol genealógico, según como lo abordemos, puede revelarse como
información luminosa u oscura.

En realidad, es ambas cosas y por eso tenemos que aprender a explorarlo sin caer en su trampa mientras descubrimos su tesoro. 

Nadie puede decidir estar solo. Aunque lo esté, es parte siempre de un conjunto mayor (el de haber nacido en determinado país, por ejemplo). Igual que cualquier órgano de nuestro cuerpo es parte de una unidad mayor que lo comprende, cada uno de nosotros somos un elemento dentro de un conjunto mayor, aunque puede tener diversos tamaños o límites. Vamos teniendo “conciencia” de la pertenencia al mismo y se irá consolidando esa percepción de ser parte de un todo, una “estructura” que está por encima de cada uno de nosotros. Algo que nos excede y abarca. Algo que no sólo es mayor a nosotros, sino que nos agrega un “plus”.

En los sistemas más consolidados, como el de un equipo de trabajo o deportivo, eso es natural. Aunque no prestemos atención a esta dinámica, se la siente enseguida. Alguien falta y ya todo deja de ser lo mismo: suceden otras cosas entre los que están, mejores o peores, pero diferentes.
 
Si meditamos con tranquilidad podemos ir sintiéndonos parte de diferentes sistemas… y la conciencia puede ir extendiéndose a dimensiones y límites más amplios sin que se pierda la configuración del todo.

Nuestra familia es un sistema al que claramente pertenecemos, más allá de los sentimientos y conocimientos relacionales que tengamos de ella. Conozcamos o no a nuestros padres, pensemos lo que pensemos y sintamos lo que sintamos respecto a ellos, somos hijos de una madre y de un padre. Y ellos, a su vez, de los suyos. Nuestros abuelos igual. Estamos emparentados genéticamente, y por algo aún mayor: La conciencia familiar.

Formarse en biodescodificación del árbol genealógico facilita (a sí mismo y a los acompañados) reconocer los programas inconscientes que comandan su vida, romper esas ataduras que le permiten reconstruirse a sí mismo y ser creador de su propio destino ¡Basta de “mandatos” familiares! 

Todos tenemos la experiencia de amar: nos sentimos liberados al amar. El amor, cuando es “sano” y verdadero, rompe las fronteras entre los unos y los otros. Si no existiera este fuerte sentimiento, que va de lo sexual a lo espiritual, viviríamos en un tóxico y permanente sistema endogámico.

Amar lo diferente, y hasta “lo opuesto”, es lo que produce crecimiento. Se necesita ir creciendo en conciencia para ello. La famosa ampliación de nuestra conciencia primaria. Amar lo que es, tal cual es. Por el simple hecho de ser. Ese podría ser nuestro propósito más alto.

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